Gijón guarda historias que no están escritas en los libros ni protegidas tras vitrinas. Historias que habitan en las voces de quienes vivieron sus barrios, trabajaron en sus fábricas, o cuidaron sus casas.
Este innovador proyecto ha puesto en valor algo tan intangible como poderoso: la memoria oral. Y lo ha hecho desde lo local.
La voz de quienes vivieron el territorio
Gijón Invisible ha recorrido zonas como La Calzada y Cimavilla , recogiendo los relatos de vecinos y vecinas que compartieron sus vivencias sobre cómo era la vida en esos barrios: los juegos en la calle, el sonido de las sirenas de las fábricas, la lucha por servicios básicos, los cambios urbanísticos. Memorias que parecen pequeñas, pero que son fundamentales para comprender la identidad del territorio.
En este sentido, la iniciativa trasciende lo testimonial: convierte la palabra en patrimonio. No se trata solo de recordar, sino de reconocer y proteger esas voces como parte del legado cultural de Gijón. Se documenta, se archiva, se expone, y sobre todo, se respeta.
Recopilación de memoria oral y Patrimonio Inmaterial
Fernando Mora, arqueólogo especializado en patrimonio y etnografía en Asturias, subraya la importancia de este tipo de enfoques: “Cuando escuchamos a quienes vivieron los lugares , comprendemos mejor los vínculos afectivos, sociales y simbólicos que los objetos por sí solos no pueden explicar”.
Su trabajo con comunidades locales, tanto en zonas rurales como en contextos urbanos, demuestra que este tipo de proyectos pueden ser también una herramienta de justicia patrimonial, dando visibilidad a quienes durante años han quedado al margen del relato histórico.
Recuperar lo cotidiano: una resistencia cultural
La memoria es frágil. Si no se recoge, se pierde. Por eso, Gijón Invisible no solo es un proyecto de recuperación, sino también de resistencia. En una ciudad que cambia rápidamente, conservar los recuerdos de quienes han vivido su transformación es una forma de mantener vivas sus raíces.
Además, iniciativas como esta redefinen el concepto de patrimonio, alejándolo de lo monumental y acercándolo a lo cotidiano: una receta, un apodo, un banco donde se sentaban siempre los mismos vecinos. Porque lo cotidiano también configura una identidad colectiva.
Patrimonio vivo y participación ciudadana
Gijón Invisible también destaca por su enfoque participativo. No se trata de “extraer” información, sino de colaborar con la comunidad. Las asociaciones vecinales han sido clave, al igual que los centros sociales y culturales. Esta dimensión colaborativa permite que los propios habitantes se reconozcan como guardianes de su historia.
Desde su experiencia en gestión del patrimonio y proyectos de memoria, Fernando Mora insiste en que estas metodologías no solo enriquecen el conocimiento, sino que fortalecen el tejido social, fomentando la autoestima colectiva y el sentimiento de pertenencia.
Un modelo replicable para otros territorios
Aunque centrado en Gijón, este tipo de proyectos tiene un valor mucho más amplio. En Asturias y en toda España existen numerosos barrios, pueblos y aldeas cuyos habitantes conservan un saber valiosísimo. La memoria oral, bien trabajada, documentada y protegida, puede convertirse en un eje fundamental para entender la historia reciente de nuestras comunidades.
Desde su web, Fernando Mora ofrece servicios profesionales orientados precisamente a este tipo de intervenciones, combinando arqueología, etnografía y participación social: Ver servicios de arqueología y gestión del patrimonio
Créditos de la foto: La Nueva España