Hórreos y paneras: conservar para el futuro
En Asturias, basta un paseo por cualquier aldea para encontrar una de las imágenes más icónicas del paisaje rural: los hórreos y las paneras. Elevados, de madera y con tejado a cuatro aguas, son mucho más que construcciones utilitarias. Son historia viva, cultura heredada e identidad compartida.
¿Qué son los hórreos y paneras?
Los hórreos asturianos son graneros elevados construidos en madera y sostenidos por pegollos (pilares) para proteger el grano de la humedad y los roedores. Las paneras, de mayor tamaño y con más pegollos, permitían almacenar no solo cereales, sino también otros productos del campo.
Ambos elementos forman parte del patrimonio etnográfico de la región y están profundamente integrados en su paisaje cultural. No son solo estructuras: representan un modo de vida agrícola, una arquitectura adaptada al medio y una forma de organización familiar y comunal.

Más allá de los hórreos: un patrimonio amplio y vivo
La arquitectura tradicional asturiana incluye también molinos hidráulicos, viviendas rurales, cuadras, pajares y otros elementos construidos que forman parte de un paisaje vivo, moldeado por generaciones. Proteger este conjunto no es un ejercicio nostálgico: es una apuesta por la continuidad de un conocimiento adaptado al entorno y por la identidad de sus comunidades.
¿Por qué conservarlo?
La Dirección General de Patrimonio Cultural del Principado de Asturias ha impulsado un proceso normativo para establecer criterios claros de protección y conservación. Conservar estos bienes es el primer acto de resistencia frente al olvido y un paso esencial para mantener viva la memoria rural.
Además de su valor histórico, estos elementos representan una oportunidad para el desarrollo local sostenible. Numerosos pueblos trabajan ya en su rehabilitación como recursos culturales y turísticos, integrando rutas que permiten descubrir estas joyas arquitectónicas en enclaves como Bueño, Espinaréu o San Martín de Oscos.
El papel de los especialistas
Fernando Mora, arqueólogo y especialista en hórreos, paneras, molinos, viviendas tradicionales y otros elementos del patrimonio etnográfico asturiano, promueve un enfoque territorial y comunitario de la conservación:
“Proteger un hórreo es proteger también el tejido rural que lo mantiene en pie. Es fomentar la autoestima cultural de las comunidades que lo construyeron y lo siguen habitando.”
Su trabajo se centra en la documentación rigurosa, la valoración cultural y el acompañamiento técnico en proyectos de conservación, restauración y dinamización del patrimonio rural.

El reto de conservar lo que aún vive
A diferencia de los objetos de museo, los elementos del patrimonio rural viven en el entorno: se usan, se transforman, se deterioran, se abandonan o se rehabilitan. Por eso, conservarlos requiere más que técnicas: requiere conocimiento, compromiso y participación social.
Desde la web de la Asociación del Hórreo Asturiano, se puede acceder a materiales, mapas y recursos que ayudan a valorar este patrimonio. La labor de esta entidad, en colaboración con otras instituciones, ha sido clave para impulsar la visibilidad y defensa activa de los hórreos como elementos esenciales de la identidad asturiana.
Proyectos de inventario participativo, programas educativos rurales y talleres intergeneracionales son herramientas clave. La intervención de profesionales como Fernando Mora garantiza que estos procesos se desarrollen con sensibilidad cultural, visión territorial y compromiso con el futuro.
Si deseas más información sobre servicios de documentación patrimonial, intervención etnográfica o gestión cultural, puedes contactar con el equipo de Fernando Mora.