Hay oficios que no deberían desaparecer. No por nostalgia, sino porque en ellos habita una parte profunda de nuestra identidad cultural. Uno de ellos es el de los teitadores, los artesanos que aún conservan la técnica de teitar: cubrir los tejados con escoba o paja de centeno, como se ha hecho durante siglos en las montañas del norte peninsular.
El documental “Teitadores”, impulsado por la Asociación del Hórreo Asturiano dentro del programa de Ayudas para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, otorgadas por el Ministerio de Cultura, es mucho más que un registro audiovisual. Próximo a su estreno y realizado bajo la dirección de Fernando Mora con la producción de Menganos Producciones, supone un acto de justicia patrimonial: dar voz a los últimos depositarios de un saber que desaparece, y hacerlo mientras aún pueden contarlo con sus propias palabras y manos.
Patrimonio que vive en las manos
La técnica del teitado requiere precisión, conocimiento de los materiales, entendimiento del clima y mucha experiencia acumulada. No se aprende en libros, se transmite de generación en generación, en familia, en comunidad. Por eso, cuando se apagan esas voces, no solo se pierde una habilidad: se desvanece una forma de vivir, de habitar el mundo.
En el documental, próximo a estrenarse, vemos cómo esta práctica resiste gracias a unas pocas personas mayores que, a pesar de la edad, siguen subiendo al tejado, enseñando, contando, manteniendo viva la memoria.
Más que técnica: una forma de vida
Teitar no es solo una solución constructiva ecológica y eficiente. Es también una manera de relacionarse con el entorno, de aprovechar los recursos locales sin dañarlos, de mantener la arquitectura en diálogo con el paisaje. Las cabañas, con sus tejados vegetales, son un ejemplo de sostenibilidad tradicional que hoy miraríamos con admiración si no fuera porque está al borde de la desaparición.
Fernando Mora, arqueólogo y experto en patrimonio cultural, insiste en que este tipo de oficios no debe verse como una reliquia del pasado, sino como un referente de inteligencia colectiva: “En cada técnica ancestral hay siglos de prueba, error y adaptación al medio. Preservarlas no es mirar atrás, sino recuperar herramientas para el futuro”.
Salvaguardar el patrimonio inmaterial
La UNESCO define el patrimonio inmaterial como aquel que vive en la práctica y en la transmisión, y no en los objetos físicos. El saber de los teitadores encaja perfectamente en esta categoría: no es el tejado en sí, sino el conocimiento de cómo hacerlo, cuándo recoger el material, cómo atarlo, cómo orientarlo según el viento.
La grabación de estos oficios en vídeo es fundamental para documentar, pero también para emocionar. Porque escuchar a un teitador contar su historia es comprender que el patrimonio no está solo en los museos: está en las personas.
¿Qué podemos hacer?
Documentar no es suficiente. También es necesario transmitir, enseñar, activar. Por eso son tan importantes los programas educativos, los talleres intergeneracionales o incluso los incentivos para que los jóvenes se formen en estas técnicas. Sin relevo, no hay futuro.
Desde su trabajo en gestión cultural, Fernando Mora promueve la colaboración entre administraciones, comunidades locales y profesionales del patrimonio para poner en valor estos saberes invisibles, dándoles espacio en políticas culturales reales. Puedes conocer más sobre su trabajo y sus propuestas en su página de servicios.